domingo, 6 de mayo de 2018

CUANDO UN GENIO SE VA A OTRA DIMENSIÓN



De él dijo el gran Gitano Juárez: "René Houseman es tan maravillosamente fuera de serie, que es el único jugador de fútbol del mundo que gambetea rivales en el aire".


La 7 se subió a un globo y, gambeteando, se fue a la eternidad. En la Quema quedará por siempre su magia.
¡Buen viaje, Hueso, y hasta la vista!

-Juan Carlos Serqueiros-

EL ÚLTIMO MALÓN



Escribe: Juan Carlos Serqueiros


En efecto, tal como el 4 de abril pmo. pdo. publicó en Twitter el INCAA, se cumplen 100 años del estreno (que se produjo en Rosario) de "El último malón", película silente de Alcides Greca, rodada en 1917, que trata acerca de la sublevación mocoví en San Javier, provincia de Santa Fe, en 1904.


@INCAA_Argentina
2 hHace 2 horas
Más
#UnDíaComoHoy | Se cumplen 100 años del estreno de "El último malón", la película muda dirigida por Alcides Greca. Filmada en San Javier, provincia de Santa Fe, es uno de los pocos films argentinos de la época que pudo ser rescatado.

Pero hay una particularidad que estimo importante destacar: la copia -en 16 mm (el original era en 35)- de la misma que se conserva -reconstrucción de 1968 por Fernando Vigévano, del Cine Club Rosario (más abajo pego el enlace a Youtube para quien desee verla)- incluye, casi al inicio, a partir del minuto 2:36 exactamente, un texto en el cual se menciona al "Exmo. Gobernador del Chaco señor Fernando Centeno" (sic). Y a continuación de eso, hay imágenes donde aparecen Greca y el mencionado personaje; junto a otro político radical: Juan Luis Ferrarotti, y luego, otro texto que reza: "El señor Centeno opinaba que el último malón está por darse todavía" (sic).
Lo curioso del caso, es que la película se estrenó, como consigné precedentemente, en 1918, pero Centeno, que aparece en la misma aseverando que "el último malón está por darse todavía" y en su carácter de "gobernador del Chaco"; recién lo fue... ¡a partir de junio de 1923! (nombrado por Marcelo T. de Alvear, ya que por entonces, el Chaco estaba aún en su etapa territoriana y el gobernador era designado por el presidente con acuerdo del senado). ¿Cómo, entonces, podía ser que apareciera Centeno como gobernador en una película estrenada cinco años antes de que ocupara ese cargo (que ejerció hasta junio de 1926)?
La explicación al evidente anacronismo la dio oportunamente la socióloga e historiadora Alejandra Rodríguez, catedrática de la Universidad de Quilmes y también de la Universidad de Buenos Aires, en el N° 8 de la publicación PolHis, edición del segundo semestre de 2011: Greca, años después del estreno, modificó el inicio de su película (designado en la misma como "Presentación"), agregando los textos referidos a Centeno. ¿Y por qué hizo tal cosa? Porque Centeno -un politicastro ruin, despreciable y corrupto- fue quien ordenó, el 19 de julio de 1924, la espantosa matanza de indios conocida en la historia como Masacre de Napalpí (Greca había tenido destacadísima participación en el radicalismo santafesino, en el que también actuaba -o más apropiadamente expresado, delinquía- Centeno).


No obstante -y sin desmedro de su excelente investigación acerca del film-, a mi humilde entender Alejandra Rodríguez no acierta del todo en sus conclusiones acerca de los desgraciados y trágicos hechos de Napalpí, al circunscribir la responsabilidad de los mismos al ministerio del Interior del gobierno radical de Alvear, Centeno, la policía y los terratenientes.
Por mi parte, creo que la cosa no se agota allí; tengo otra mirada sobre la cuestión y es la que me propongo detallar en el último de una serie de artículos que bajo el título "El cacique blanco" vengo escribiendo desde el pasado año, tomando como eje la figura histórica de Juan Samuel Mac Lean, el cual aún no me ha sido posible concluir; pero lo haré seguramente en breve.
Es, querido lector, que para subsistir debo atender prioritariamente mi actividad profesional, dado que como todos sabemos, en este nuestro bendito país nadie puede vivir de narrar el pasado nacional.
A menos, claro, que uno sea Felipe Pifia, Pa"N"cho O'Donnell o Cipayín Romerito, y le venda el alma al diablo; entonces se llenará de oro comiendo de la mano de los poderes negros que manipulan la historia.
En fin...

Enlace a "El último malón" (película completa) en Youtube:


-Juan Carlos Serqueiros-

martes, 27 de febrero de 2018

LOS COLORES DE NUESTRA BANDERA


















Escribe: Juan Carlos Serqueiros

Hoy se cumple el 206° Aniversario de la primera vez que fue izada nuestra enseña patria, hecho acontecido a orillas del Paraná, en la Villa del Rosario, el 27 de Febrero de 1812.
Pues bien, cada 27 de Febrero -y también cada 20 de Junio, fijado como Día de la Bandera por el paso a la inmortalidad de su Creador-, se repite hasta el hartazgo la cantinela "Belgrano tomó para nuestra bandera los colores de la Casa de los Borbones". Y también los hay quienes hasta llegan al delirio de proponer que sea esa una "verdad" (?) que "hay que enseñar en la escuela". ¡En la escuela, nada menos!
Es completamente temerario afirmar como verdad que el general Belgrano eligió "los colores de la casa de Borbón". Y todavía más aún lo es -aparte de irresponsable, inconveniente y pernicioso- la pretensión de que eso se enseñe en las escuelas como si se tratase de una verdad comprobable y comprobada, cuando ninguna base documental hay para sostener tal cosa.
Es decir, se trata sólo de una presunción sin sustento alguno, la cual corre por cuenta exclusiva de quienes la inducen.
Y por supuesto, cada quien tiene derecho a elucubrar la hipótesis que se le ocurra; pero a lo que no tiene derecho nadie, es a imponer como verdad histórica indubitable, algo que carece absolutamente de elementos probatorios.
En primer lugar, hay que aclarar que el azul celeste y el blanco -en ese orden- no son "los colores de la Casa de Borbón" (dinastía esa cuyo escudo tiene fondo azur con flores de lis doradas) como erróneamente se cree e insensatamente se propaga; sino que son los de la Orden de Carlos III, lo cual es, claro, algo muy distinto: se trata de una orden de caballería instituida en 1771 por el rey Carlos III para condecorar a quienes hubiesen prestado señalados servicios a la corona española, y la cinta y la banda llevan esos colores por ser los de la iconografía de la Inmaculada Concepción de María, dogma del cual era ferviente devoto aquel monarca.
Lo cierto es que Belgrano, en su comunicación al Triunvirato, dice inequívocamente: "...la mandé hacer blanca y celeste, conforme a los colores de la escarapela nacional".


Hay que prestar especial atención al orden en que el prócer consigna los colores: primero cita el blanco y después el celeste. ¿Por qué primero el blanco? Sencillamente porque lo reputaba como el color principal, ya que éramos por entonces las Provincias del Río de la Plata y es el blanco el representativo de la plata en heráldica, el cual, junto al celeste -producto del desvaído por la acción de la intemperie del campo azur original-, eran los colores que tenía el escudo de Buenos Aires, donde se produjo la Revolución de Mayo que marcó el inicio nuestro proceso independentista.


Los países jóvenes (como el nuestro, que lleva apenas dos siglos) y que no tienen aún su nacionalidad consolidada (tal como ocurre con la argentinidad) no pueden darse el lujo de asignar -y muchísimo menos tomando como si fuera un hecho comprobado aquello que no es más que una simple y mera presunción- a la adopción de sus colores patrios un origen atribuible precisamente al yugo que supo sacudirse de encima.
¿O de quién creen que nos independizó el ínclito general Manuel Belgrano, si no fue, precisamente, de esos tiranos?

-Juan Carlos Serqueiros-

viernes, 22 de diciembre de 2017

CUANDO RIVERA SE OFRECIÓ A RAMÍREZ PARA ASESINAR A ARTIGAS




















Escribe: Juan Carlos Serqueiros

Sor. D. Franco. Ramirez
Montev.o, Junio 13 de 1820
Hayer recibí su carta del 31 por El Capitán D. Laureano Marques q. sale ahora mismo con la presente.
Hace dos días q. escribí a V. instruyendolo de mi actual situación, y al mismo tiempo, del estado de esta Provincia, indicandole lo interesante q. sería para Esa y esta establecer relaciones de amistad y comercio para cuyo medio lo ponia (sin comprometer a la q. gobierna) en estado de reparar los males q. ha causado la guerra.
Todos los hombres, todos los Patriotas, Deben sacrificarse hasta lográr destruir enteramente a D. Jose Artigas; los males q. ha causado al sistema de Libertad e independencia, son demaciado conocidos p.a nuestra desgracia y parece escusado detenerse en comentarlos, quando nombrando al monstruo parece q. se horripilan. No tiene otro sistema Artigas, q. el de desorden, fiereza y Despotismo; es escusado preguntarle cual es el q. sigue. Son muy, son muy (Nota mía: repetición del escribiente, que puso dos veces “son muy”) marcados sus pasos, y la conducta actual q. tiene con esa patriota Provincia justifica sus miras y su Despecho.
El suceso de Correa me ha sido sensible y puedo asegurarle q. todos han sentido generalm.te que hubiese conseguido Artigas este pequeño triunfo. Yo espero y todos q. V. lo repare, y para q. V. conosca mi interes diré lo q. he podido alcanzar en favor de V. de S.E. el S.or Baron de la Laguna, (Nota mía: a continuación de la coma, hay un tachón sobre una palabra indescifrable. Al parecer, el escribiente iba a continuar la frase, y posiblemente, siguiendo el dictado de Rivera, tachó la palabra que había escrito, y siguió abajo, como si hubiese habido un punto y aparte).
S.E. apenas fue instruido p.r mi de sus Deseos me contestó que habia sido enviado por S.M. (Nota mía: “S.M.” -Su Majestad- era el monarca del reino unido de Portugal, Brasil y Algarve, Juan VI) p.a protegér las legitimas autoridades, haciendo la guerra, a los anarquistas, en tal caso considera a Artigas, y como autoridad legítima de la provincia de Entre Rios á V., por consig.te para llevar a efecto las intenciones de S.M me previene, q. avise a usted q. están prontas sus tropas para auxiliarlo, y apoyarlo como le convenga, y para esto puede usted mandar un oficial de confianza, con credenciales bastantes al Rincon de las Gallinas, donde se hallará el Gener.l Sal (finaliza aquí la primera página de la carta, que consta de dos).

(Continuación, segunda página)
daña, con quien combinará el punto o puntos por donde le conbenga hacer presentar fuerza e igualm.te la clase de movimientos q. deven hacer.
V. persuadase que los deseos de S. E. son q. V. acabe con Artigas y p.a esto contribuira con cuantos auxilios Están en el Poder.
Con respecto a que yo vaya á ayudarle, puedo asegurarle que lo conseguiré, advirtiendolé q. devo alcanzar antes permiso Especial del Cuerpo Representativo d. la Provincia para poder pasar á Otra, mas tengo fundadas esperanzas de que todos los Sres. q. componen este Cuerpo no se opondrán á sus deseos ni los mios cuando ellos sean ultimar al tirano d. nuestra tierra.
No deje V. de continuar dandonós sus noticias, mucho nos interesa la suerte d. Entre Rios; p.a q. V. le asegure una paz solida, todos estos Señores. S. E. el Sor. Barón, y yo trabajaremos.
En todos casos quiera contar con la amistad de su atento So. Sor. y amigo Q. B. S. M. (Nota mía: “So. Sor. y amigo Q.B.S.M.”: "Seguro servidor y amigo que besa su mano").
Fructuoso Rivera
(sic)


Estando yo en Corrientes cuando se me dio la oportunidad de tener en mis manos y a la vista el original de esta carta dirigida por Fructuoso Rivera a Francisco Pancho Ramírez, debo reconocer que en principio, estuve inclinado a pensar que el documento era apócrifo. 
La letra, como pueden apreciar en las imágenes, se corresponde con la de alguien que denotaba cierta instrucción; no era en modo alguno la trabajosa caligrafía de un cuasi iletrado como Rivera, que a duras penas si sabía (con grandes limitaciones) leer y escribir, y no tiene, pese a algunos errores ortográficos y de sintaxis en que incurrió el escribiente; los horrores habituales en Rivera al querer expresarse por escrito (lo cual sé y me consta porque vi, en los archivos uruguayos, algunas cartas de su puño y letra).
Pero al concluir con su lectura, se me disiparon instantáneamente los reparos que tenía, porque fue como si el espíritu del Pardejón surgiera desde la noche de los tiempos, de ese par de amarillentos papeles. En ellos está expresado fielmente Rivera en los ribetes de acomodaticio, taimado, astuto y mendaz que había en su índole. 
Además, cuando posteriormente requerí el dictamen de una amiga experta en el tema: Betina Passon, pude saber que sin dudas, la firma era de él.
Seguramente le dictó la carta a algún secretario letrado suyo (letrado hasta por ahí nomás, pero al menos, sabía escribir de corrido, lo cual para Rivera representaba una ímproba tarea) y luego la firmó, despachándola a Ramírez a través del tal Laureano Marques citado en la misma.
De ella puede extraerse una serie de conclusiones, además del “gentil y desinteresado” ofrecimiento que Rivera le hacía al entrerriano de encargarse personalmente de asesinar a Artigas. Pero veamos primero, sintéticamente, cuáles eran los sucesos principales que definían el contexto general de ese momento:
1) La Banda Oriental estaba invadida por las fuerzas luso-brasileras de Juan VI, al mando del general Carlos Federico Lecor, barón de la Laguna.
2) Los principales jefes artiguistas (Andrés Guacurarí y Artigas, Juan Antonio Lavalleja, Fernando Otorgués, Manuel Francisco Artigas, Bernabé Rivera y Leonardo Olivera) estaban prisioneros en Ilha das Cobras, frente a Río de Janeiro (ver mi artículo ¿DÓNDE ESTÁ ANDRESITO?), y los que no habían caído apresados o muertos; defeccionaron.
3) El 22 de enero de 1820 las fuerzas luso-brasileras al mando del conde de Figueira habían sorprendido y derrotado completamente en Tacuarembó a las tropas artiguistas dirigidas por Andrés Latorre y Pantaleón Sotelo. Este último (que era lugarteniente de Andrés Guacurarí y Artigas, y que cuando éste cayó prisionero, lo reemplazó al mando del ejército guaraní) murió en la acción. El desastre de Tacuarembó se tradujo en el virtual cese de la resistencia de los Pueblos Libres a la invasión portuguesa (instigada por el Directorio y parte del Congreso).
4) El 1 de febrero de 1820, las fuerzas de Entre Ríos y Santa Fe, dirigidas por Francisco Ramírez y Estanislao López respectivamente, batieron en la cañada de Cepeda a las tropas directoriales de José Rondeau (quien en junio de 1819, había sucedido como Director a Pueyrredón), que se rindieron a discreción sin luchar. 
5) Poco después, en marzo y abril Rivera escribió a los gobernadores de Córdoba, Santa Fe y Entre Ríos; Juan Bautista Bustos, Estanislao López y Francisco Ramírez, respectivamente, solicitándoles auxilio en la lucha contra el invasor de la Banda Oriental.
6) Cepeda significó la caída definitiva del Directorio; pero luego de la “batalla” (en realidad, no la hubo), Manuel de Sarratea consiguió arrancarles a López y Ramírez la firma del Tratado del Pilar el 23 de febrero de 1820, el cual significaba la pública defección de ambos, del artiguismo (que en realidad, ya había comenzado a producirse cuando aceptaron integrar a Carlos de Alvear y José Miguel Carrera, notorios enemigos de Artigas éstos).
A partir de allí, Ramírez -que no López, quien no llegaría a tales extremos- combatiría con saña feroz (no hay rencor más enconado que el de un apóstata) a Artigas; a quien conseguiría derrotar en una rápida sucesión de acciones militares, forzando el asilo de éste en el Paraguay del doctor José Gaspar Rodríguez de Francia (ver mis artículos LUCES Y SOMBRAS DE FRANCIA y POLÍTICA Y NEGOCIOS EN 1820).
Fue en aquel statu quo en que Rivera le escribió a Ramírez la carta transcripta (que estaba precedida de otras fechadas 4 de marzo, 4 de abril y 5 de junio), ofreciéndose para asesinar él mismo a Artigas, e instigando al entrerriano a unirse a los portugueses. La obsesión de Rivera era -y lo fue siempre- constituir un estado integrado por la Banda Oriental, Entre Ríos, Santa Fe, Corrientes y las Misiones; de manera que, colocado este entre la Argentina y el Brasil (y gobernado por él, obviamente), le permitiera sacar ventajas ora de la una, ora del otro.
Pero decía precedentemente que pueden derivarse del análisis del documento algunas inferencias y hasta ciertas conclusiones, como por ejemplo:
Fue Ramírez quien buscó el concurso del Pardejón para asesinar a Artigas; ya que Rivera le escribía en respuesta a “su carta del 31” (de mayo). Infiero que quien instó al entrerriano a escribirle al oriental, debió de ser uno de estos dos: Sarratea o López. Y si bien era este último el que conocía personalmente a Rivera, lo cual a priori lo sindicaría como el más probable para indicárselo al otro; particularmente me inclino por la hipótesis de que debe de haber sido Sarratea. Al pato se lo conoce por la cagada, suele decirse, y el pato era Sarratea, ya que era éste el enemigo declarado y mortal de Artigas, y como buen representante del centralismo, partidario por entonces de la segregación de la Banda Oriental y en connivencia con los luso-brasileros. Asimismo, esas referencias al “despotismo”, a la “fiereza”, al “sistema de libertad e independencia”, y al “monstruo”; eran expresiones de uso habitual en Ramírez, quien por esa época se creía poco menos que Aníbal enfrentado a los romanos. Y tiene que haber sido Sarratea -por sí o por interpósita persona- quien se las transmitió a Rivera y éste, de manera sibilina, las debe haber volcado en su carta buscando halagar al Supremo Entrerriano (cuyo lado flaco conocía -¡y cómo no!- de sobra Sarratea).
En cuanto al “pequeño triunfo” obtenido por Artigas sobre Ramírez, del cual se conduele Rivera en su carta, esperando que éste “lo repare”, alude al enfrentamiento de Arroyo Grande, que se produjo entre las fuerzas artiguistas al mando del Comandante General de las Misiones, Francisco Javier Sití (quien luego se pasaría a Ramírez); y las tropas de este último al mando de Gregorio Correa (ex directorial, devenido luego del Tratado del Pilar en acérrimo partidario del Supremo Entrerriano).
Los restantes párrafos de la carta son más que elocuentes. Nos muestran a un Rivera totalmente entregado a Lecor y abundan en las seguridades que el Pardejón  le da a Ramírez respecto a que el monarca de los macacos lo considera la “autoridad legítima” de Entre Ríos, etc. (¡cómo debe haberse henchido de orgullo el entrerriano, al que “las luces malas del centro” -by Sarratea- le hicieron meter la pata!).
Y termina Rivera la carta ofreciéndose para ir él mismo a asesinar a Artigas. 
¿Era sincero el ofrecimiento? ¿Quería y se proponía, de verdad, el Pardejón ultimar a Artigas? Es una cuestión que aún debaten los historiadores orientales y un secreto que Rivera se llevó a la tumba. 
Personalmente, estoy inclinado a inferir que no; más bien me parece que lo que intentaba, era salir del brete en que lo había metido Ramírez al requerirlo éste para tal cometido (consecuencia que el Pardejón no previó al escribirle él mismo tanto al entrerriano como también a López y Bustos), tratando de zafar con eso del "permiso especial del Cuerpo Representativo de la Provincia". Que nunca pidió, por otra parte, lo cual algo debe significar, ¿no?
La correspondencia -muy breve- entre Ramírez y Rivera me parece el intercambio entre dos aliados que se desconfiaban mutuamente (para lo cual, dicho sea de paso, tenían ambos sobradas razones). Actuaban, sin percibirlo -especialmente Ramírez-, como marionetas que otros más poderosos e inteligentes que ellos (Sarratea, Alvear y -en menor medida- Carrera) manejaban a su antojo. 
Parafraseando a Frederick Forsyth en El día del Chacal, podríamos imaginar la correspondencia entre ambos, iniciada en una suerte de diálogo en francés: "-Ici Pancho-", "-Ici Frutos-".
En fin…

-Juan Carlos Serqueiros-
______________________________________________________________________

REFERENCIAS DOCUMENTALES Y BIBLIOGRÁFICAS

Abella, Gonzalo. Artigas, el resplandor desconocido. Editorial Betum San, Montevideo, 1999.
Archivo General de Corrientes, Sala 2, Correspondencia Oficial años 1810 a 1921, Tomo 09, folios 053 al 055.
Gómez, Hernán F. Corrientes y la república entrerriana, 1820-1821. Imprenta del Estado, Corrientes, 1929.
Reyes Abadie, Washington; Melonio, Tabaré y Oscar H. Bruschera. Documentos de Historia Nacional: el Ciclo Artiguista, t. II. Editorial Medina, Montevideo, 1951.
Salteraín y Herrera, Eduardo. Rivera: caudillo y confidente. Talleres Gráficos Al Libro Inglés, Montevideo, 1945.

sábado, 16 de diciembre de 2017

CUANDO EL TELÉFONO TRAE HASTA EL PRESENTE UNA FIGURA GRATA DEL PASADO

























Escribe: Juan Carlos Serqueiros

Acabo de recibir una muy agradable sorpresa, la cual me emocionó. A punto tal, que quiero compartirla.
Suena el celular: llamada desde un número para mí desconocido, con prefijo o característica de San Juan. Atiendo.

"-¿Hablo con el señor Juan Carlos Serqueiros?" > "-Sí, soy yo, ¿quién habla?" > "-Señor, soy Daniel Garipe y lo estoy llamando desde San Juan. No sé si se acordará de mí..." > "-¡Puma querido! Cómo no me voy a acordar de vos, por supuesto que sí. Tanto tiempo... ¿A qué debo la grata sorpresa y el honor de este llamado?" > "-Le cuento: hace un rato estábamos con mi señora ordenando la casa, y en una de las cajas en que guardamos los recuerdos de mi paso por Huracán, apareció un sobre que me habían dado en el club con otros efectos personales, cuando me fui en 2002. Era una carta suya dirigida a mí, y que por esas cosas que inexplicablemente suceden, había quedado sin abrir hasta hoy. La leímos con toda mi familia y quedamos muy emocionados, así que como por suerte figuraba su número de celular en la misma, quise llamarlo para agradecerle sus palabras y manifestarle el buen recuerdo que guardo de usted; aunque hayan pasado ya quince años y lamentablemente hayamos podido vernos y hablarnos tan pocas veces en aquel tiempo. Y el Globo es una institución a la que quiero mucho y que marcó una parte importante de mi vida deportiva".

Seguimos conversando como quince minutos más, me contó de su vida, de su familia, y sobre todo; me dijo que es feliz. Quedamos, él, con una invitación para venir a Tucumán; y yo con una para ir a San Juan. Y ambos con un grato recuerdo que se reedita y traduce mágicamente en presente a través de una llamada telefónica.

El Puma Garipe fue un jugador de mi amado Huracán al que admiré muchísimo, tanto por sus excelentes condiciones futbolísticas de volante central que combinaba garra y jerarquía, como por su buena índole de pibe humilde, íntegro y sano. Y siempre tuve la amarga sensación de que por esas cosas de la vida, no había alcanzado él la trascendencia y la fama que sin dudas merecía y a las que era justamente acreedor. Pero me congratula el saber ahora, hace un ratito nomás, que es feliz; lo cual constituye, en definitiva, el mayor de los éxitos que pueden alcanzarse. Y eso no es poco, ¿no?
En esta vida casi siempre amarreta y vacía de valores; cosas como este reencuentro tras ¡quince años!, son lo que la hacen soportable.
Claro que te recuerdo, querido Daniel Puma Garipe; estás y estarás siempre en mi corazón quemero.

-Juan Carlos Serqueiros-

LA ALIMAÑA andahazi







































Escribe: Juan Carlos Serqueiros

Recién termino de leer "Argentina, con pecado concebida. Historia sexual de los argentinos", de federico andahazi (minúsculas adrede y peyorativas).
Tuve que batallar duramente contra el tedio primero y la repugnancia después, para poder concluir la lectura de este... "libro" (me cuesta llamarlo así, pero de alguna manera hay que hacerlo); porque de verdad, no es otra cosa que un soporífero e inmundo engendro. Y eso que yo leo hasta las revistas del consultorio del dentista, eh; no le hago asco a nada.
Se trata de un compendio de historias de alcoba escritas por otros en distintas épocas y refritas por ese compulsivo adepto a Onán y frustrado psicoanalista devenido en "escritor" e "historiador" que es andahazi, so pretexto de que "hay puntos en la historia donde se demuestra que la sexualidad cambió el rumbo de lo que pasaba".
Es altamente preocupante que puedan haber quienes crean que lo escrito (o mejor dicho; defecado) por ese infame payaso subnormal tenga algo que ver con la historia. Lo suyo es, reitero, una cloaca, plagada, además; de inexactitudes e interpretaciones antojadizas, cuando no de mentiras. Y para peor, mal escrita y aburrida.
En síntesis, un librejo que no sirve ni para prender el fuego para el asado, porque si lo usan para eso, les saldrá con gusto a mierda. Y ni siquiera tiene utilidad para limpiarse el culo, porque el papel en que está impreso es duro y satinado, seguramente para que corran mejor por él las infectas deyecciones emanadas de su autor.
Esas inmundicias metidas a "escritores" e "historiadores" como la ameba estreñida andahazi, son despreciables voyeuristas de alcoba, huelebraguetas y lamecalzones. Aunque en el caso de ese borderline repulsivo, todo rótulo resulta insuficiente para encasillarlo, tal es la variopinta gama de sus parafilias. En él, su ocupación favorita, esto es, espiar dormitorios; deriva automáticamente en frenética masturbación. No se limita a oler braguetas, sino que además; las abre, y ansioso ( vicioso), palpa y sopesa lo que hay detrás del cierre, lo extrae y lo chupa con fruición, mascando después el afrecho con gozo infinito. Asimismo, las toallitas femeninas, sobre todo; las usadas en esos días, son uno de sus manjares predilectos. Y de postre, no se satisface sólo con lamer calzones; sino que se solaza devorando hasta la heces -y nunca mejor aplicado el término- las cascarrias que en ellos hayan quedado.
andahazi: espécimen de alimaña venenosa perteneciente a la familia Abyectae miserabilis. Se alimenta de carroña y excrementos, y su hábitat natural son los muladares. 
En síntesis, un vomitivo detrito estancado en una cloaca pestífera.

-Juan Carlos Serqueiros-

martes, 7 de noviembre de 2017

JOSÉ MANUEL DURAND LAGUNA, EL QUE NO ANDABA CON GRE GRE PARA DECIR GREGORIO



















Escribe: Juan Carlos Serqueiros

Un 7 de noviembre como hoy, pero de 1885, nacía en La Viña, provincia de Salta, José Manuel Durand Laguna.
En 1907 recaló con su familia en Buenos Aires, en Parque de los Patricios, y tomó contacto con aquellos inquietos y soñadores estudiantes del Colegio Luppi que cuatro años antes, un 25 de Mayo, habían fundado un club, participando con ellos de la reorganización del mismo, concretada formalmente el 1 de noviembre de 1908: el Club Atlético Huracán, el cual presidió.
Esforzado, emprendedor, incansable, astuto y de carácter fuerte, el Negro Laguna, como se lo apodaba por el color morocho subido de su tez, no conocía de desmayos, sabía poner el pecho a todas las dificultades y nunca nadie pudo pescarlo en un renuncio ni en una aflojada. Era de una sola pieza, derecho y frontal, muy frontal; de esos que no andan con medias tintas y llaman pan al pan y vino al vino, lo cual le originó algunos problemas con sus compañeros de club, quienes terminaron expulsándolo.
Por esos tiempos, se acercó al ilustre científico, funcionario y deportista Jorge Newbery y logró su colaboración para con la novel institución, invalorable aporte ese que resultaría de capital importancia para que Huracán pudiera consolidarse.
El Negro era ligero, vivo, canchero, perpicaz, un rana que se destacaba entre aún entre la gente ranera, como que vivía, precisamente, en el Barrio de las Ranas. De esos tipos capaces de estar sentados en un banquito y agarrar un ñandú que pasa a la carrera o de hacer un asado abajo del agua. Trataba del mismo modo a un aristócrata como Newbery y al último de los cirujas de la quema, y paseaba su señorío vistiendo su pilcha de laburo a la hora de desempeñar cualquier oficio o su atildado jetra siempre impecable a la de socializar en cualquier ámbito (que él los frecuentaba todos y en todos lo conocían). Un señor de verdad, que movía al respeto y a la estima que saben inspirar quienes van por la vida con actitud firme e invariablemente digna. Y tanto jugaba con igual destreza al tenis en el más exclusivo de los courts, como al billar en el más rante de los cafetines.
También jugaba al fútbol ¡y cómo jugaba! Delantero endiablado, guapo, encarador, pícaro, mañero, goleador nato y con una media vuelta letal para sus rivales.
En 1916 se disputó en Buenos Aires el primer Campeonato Sudamericano, la primera Copa América, y aconteció un hecho curioso: el 10 de julio se enfrentaban en el estadio de Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires, los seleccionados de Argentina y Brasil. Pero pasó que uno de los delanteros, la estrella del equipo, Alberto Ohaco del Racing Club, pegó el faltazo por cuestiones laborales; así que a propuesta de otro de los jugadores, Pedro Martínez, de Huracán; los dirigentes fueron a apalabrarlo a Laguna, que estaba en la tribuna como espectador, y le ofrecieron que jugara él. Correr a los vestuarios, colgar el traje en una percha, ponerse los cortos, vestir la celeste y blanca y calzarse los botines, fue todo uno para el Negro, que a los diez minutos de juego abrió el marcador con un bombazo impresionante. Proeza: de espectador a goleador.
Más temprano que tarde y solucionados los antiguos entredichos, Laguna volvió a la institución de sus amores como player, integrando los equipos de 1921 y 1922 que se consagrarían campeones llevando para la vitrina de Huracán los primeros trofeos.
Nacido para liderar, sería también el entrenador de otro gran equipo del Globo campeón: el de 1928, teniendo que “poner en vereda” y disciplinar a “nenes” de la talla de Stábile, Pratto y Federici, jugadores extraordinarios pero con la costumbre -alegre y placentera, sin dudas; pero irresponsable- de irse de farra por las noches. Una detallada nota periodística de la revista La Cancha, en su edición del 14 de diciembre de 1929, recogió todo aquello para la posteridad, en un imperdible reportaje al Negro Laguna quien, con su acostumbrada franqueza y su hombría de bien, lo narró con pelos y señales.


Fundador y presidente de Huracán, varias veces campeón como jugador y también como entrenador. Casi nada, ¿no?
Se retiró del fútbol como jugador recién en 1927, con 42 años, siendo campeón con el club Olimpia, de Asunción. Fue docente deportivo en San Juan, contratado por el gobierno provincial para la formación de jóvenes. Como entrenador dirigió, además de su amado Huracán; a clubes de San Juan y Tucumán, a Nacional del Paraguay y al seleccionado de ese país. Murió a los 73 años en Asunción, el 16 de julio de 1959. En alguna estrella del cielo de Parque de los Patricios andan brillando su alta estatura, su inclaudicable espíritu, su visión de pionero, su picardía y su olfato goleador.
El siempre recordado y venerado Negro Laguna, el que no andaba con gre gre para decir Gregorio: un pedazo grande de la riquísima historia de Huracán, prócer del Globo y de la Quema, señor con todas las letras, caballero de ley y guapo de verdad, sin grupos.
En la dimensión en que estés: ¡Salud, ganador y campeón en todo!

-Juan Carlos Serqueiros-
________________________________________________________________________

REFERENCIAS

Libro de Actas del Club Atlético Huracán. Acta N° 1 del 20.07.1910.
Bestard, Miguel Angel. 80 años de fútbol en el Paraguay. Litograf, Asunción, 1981.
Revista La Cancha edición N° 80, Buenos Aires, 14.12.1929.
Wernicke, Luciano. Historias insólitas del fútbol. Planeta, Buenos Aires, 2013.